Quintana de la Serena (24/08/06)
El día ha sido muy caluroso, sólo ahora, al caer la tarde, comienza a correr un poco de aire: suave y tibio. No hay prisa, todo parece poseer una lentitud antigua, como la memoria de la infancia. Llevo algún tiempo queriendo retornar al Diario pero no encuentro ni el momento ni la excusa propicia para adentrarme de nuevo en esta escritura que tiene mucho de confesión a medias y que está tan plagada de silencios que es más una suerte de encubrimiento que de revelación. No sé muy bien por qué pero tengo la impresión de que ahora todo me va a resultar más difícil; sin la excusa de la muerte, mi meditación se encuentra mucho más desvalida, sin asidero firme, casi desamparada. Me preocupa que sólo la vida, me refiero a esta vida anónima que firma con el nombre de Luis Llera, sea razón suficiente para justificar un texto. Deberé, no obstante, empeñarme en ello porque aunque sin muerte, uno sigue poniendo en juego su propia vida cuando se atreve a consagrar una parte de sí mismo como materia de relato.
La calle bajaba hasta el río. Ver