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Artículos de Exilios en la web
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    Introducción Exilios
       
     

    NUESTRA REVISTA

    La revista Exilios, que es objeto de esta reseña, aparece en el mes de febrero del presente año. En su primer número se echa en falta una nota editorial que justifique las razones de esta nueva publicación.

    Pero para los que hemos participado en su elaboración el valor de Exilios, si es que alguna vez llega a alcanzarlo, no dependerá tanto del confuso compromiso inicial de sus redactores cuanto de la fuerza y atractivo argumental de sus contenidos.

    El juicio, pues, que esta revista merezca ha de quedar diferido a sus posibles lectores, contándonos, los que en ella escribimos, entre ellos y, por tanto, siendo, por mero orden de aparición, los primeros enjuiciadores y enjuiciados.


    No obstante, cualquier proyecto, incluso uno tan humilde como éste, no puede, más aún no debe, estar exento de intenciones. La cautela, el silencio o el oportunismo son atributos ajenos al exilio; por el contrario, el compromiso o la denuncia, como expresiones de racionalidad y ejercicios de reflexión le son inherentes.


    Algunas de estas intenciones las reclama para sí el propio título de la publicación; otras, acaso más veladas, imaginamos que permanecen latentes a la espera de que futuros lectores o colaboradores las expliciten.

    Comencemos, pues, por lo que el nombre de Exilios manifiesta, para derivar más tarde hacia lo que sugiere. Con la palabra exilio se define el estado de separación de una persona de la tierra en que vive. El significado otorgado por la Academia es,a todas luces, insuficiente; tan excesivamente limitado que restringe la concepción del exilio a un sentido meramente físico, casi topográfico. Tiene, sin embargo, la ventaja de asociarse con los calificativos de expatriados o desterrados que por extensión se aplican a los que padecen las condiciones que el exilio real impone.

    El exiliado, desde la significación que ahora le estamos otorgando soporta una doble desolación personal; en primer lugar, la del desterrado; en segundo, la del que se sabe motejado como traidor por parte de aquellos compatriotas que le forzaron a abandonar su tierra. Los que se quedan se sienten imbuidos por el orgullo de ser los únicos dignos de habitar el suelo patrio. Es el caso de los exiliados republicanos, censurados como falsos españoles y, por ello, desarraigados de España por su traición a ella. Resultará paradójicamente ejemplar que, años más tarde, algunos de esos "verdaderos españoles", hastiados de las esencias del solar hispano, prefieran compartir la misma suerte que la de sus paisanos proscritos.

    Ahora bien, cuando los hombres se encuentran desprovistos de las defensas que garantiza el suelo patrio, asumen,tarde o temprano, su nueva condición de huérfanos desde la que emergerá, acuciados por la propia necesidad de supervivencia, una más intensa sensación de libertad, flanqueada por una mayor agudeza y perspicacia de la conciencia no constreñida ya por los límites de una geografía familiar.

    Desde este exilio, que hemos dado en llamar real para distinguirlo del exilio metafórico del que luego hablaremos, se arriba a una "tierra de nadie", o mejor, a la tierra de otros, en la que nos vemos obligados, en ocasiones, a rebasar nuestras certezas, desprovistas ya del cobijo que suele representar nuestra lengua o la cómoda apelación a una patria nacional. Hemos, en todo caso, dejado de ser moradores, ciudadanos o súbditos para convertirnos en huéspedes, alojados provisionalmente y con el convencimiento de estar en una situación ineludiblemente precaria.

    A juicio de Adorno, "morar en el sentido exacto del término es ahora imposible. Las residencias tradicionales en las que hemos crecido se han vuelto intolerables: cada rasgo de comodidad lleva la contrapartida de una traición al conocimiento, cada vestigio de abrigo el pacto anticuado de los intereses de familia. La casa es algo del pasado". El mejor modo de comportarse frente a todo esto coincide con la actitud del no alineado, de quien se mantiene en suspenso. "El no sentirse en casa, en el propio hogar, forma parte de la moralidad".


    Realojado en una tierra que no le pertenece el exiliado descubre que "las culturas están demasiado entremezcladas; sus contenidos e historias son demasiado interdependientes e híbridas para someterlas a operaciones quirúrgicas que aíslen oposiciones en gran escala; básicamente ideológicas, como Oriente y Occidente. Como afirma el intelectual palestino, Edward W Said, "el exiliado ve las cosas en función de lo que ha dejado detrás y, a la vez, en función de lo que le rodea aquí y ahora; hay una doble perspectiva que nunca encuentra las cosas aisladas".


    El exilio abre, pues, desde la ocasión que le brinda esta doble mirada, una brecha epistemológica y moral; una nueva forma de indagación y comprensión de la realidad, así como una nueva forma de actuar sobre ella conjuntamente con quienes la habitan. El exiliado, atraido y sorprendido por la realidad de los otros, se ve obligado a confrontar su propia realidad, lo que se torna inevitablemente en una experiencia de conocimiento. Un ejemplo de lo que venimos diciendo lo constituye el conjunto de trabajos que bajo el título Guatemala: Los desafíos de la paz han sido elaborados y recopilados por Pilar monreal y Juan Carlos Gimeno;así mismo, la obra pictórica de Yurihito Otsuki, diseñador de la portada y traductor junto a María Pastor del hermoso poema de Makoto Ooka, acentúan esta perspectiva de la doble mirada.


    Ya para terminar, quisiéramos referirnos al exilio metafórico al que hemos aludido para acentuar el hecho de que el significado de esta palabra no se agota en el sentido que el exilio real le otorga. Estamos ante lo que podría llamarse la condición ontológica del exilio y que se define como un acto de elección por medio del cual algunos reclamamos para nosotros la condición de exiliados; es decir, la de disidentes o resistentes del sistema. Este exilio metafórico se caracteriza por un estílo disonante y una obstinada negación ante los guiños del poder. La forma con la que habitualmente se reviste es la de una incómoda inestabilidad, la de un dinamismo que desestabiliza y que viene a poner de manifiesto que el acto de asentimiento o sumisión general sólo es posible cuando se acalla la conciencia crítica.

    Lo que el exilio reclama de nosotros y el compromiso que, de algún modo, con el título de la revista hemos contraido no es más que, dicho con absoluta sencillez, huir de cualquier forma de domesticación. Nuestro deseo: alcanzar un estado intermedio, situado en tierra de nadie, pero que nos permita ser huésped de todas las tierras. Como en la esfera de la portada de Yuri donde todo tiene cabida menos el muro.

    Juan Carlos Gimeno y Luis Llera.