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«En breve, Exilios dedicará un extenso estudio
a este eminente poeta y crítico japonés, galardonado con el
Premio Imperial y coronado con el Laurel de Oro de Macedonia en 1996.
Un Lugar de Agua y Árboles
El árbol, árbol...
Cuando mira abajo, hacia el agua en calma, a sus pies
ve al espíritu tendido que salmodia con voz tenue.
El agua, agua...
Cuando mira arriba, hacia el árbol erguido desde sus raíces,
ve al espíritu de los brazos alzados que salmodia con voz intensa.
Pero nunca cambian un saludo afable.
Cuando el alba disipa la noche,
el agua se despierta en la única mañana del agua
y el árbol en su sin igual mañana de árbol.
Sobre sus raíces una tersa serpiente se duerme;
bajo la rugosa corteza, huevos de diminutos,
imperceptibles rastros de orugas.
Sorbiendo agua con vigor incontenible el árbol crece exuberante.
El agua, agua, se queda absorta en esa imagen postrera
en la que un día entrará en forma de rocío
por todas las hojas lustrosas del árbol.
Pero nunca cambian un saludo afable.
Los árboles lancean infinitamente el vacío cielo de los árboles.
El agua se dispersa infinitamente en su plenitud de agua.
Makoto Ooka
Traducción: María Pastor y Yurihito
Otsuki